

Uno de los pilares más importantes en el camino de la gestación por sustitución es la creación de los embriones. Aunque el bebé crecerá en el útero de la mujer gestante, el proceso de formación de la vida ocurre previamente en un laboratorio especializado de alta complejidad. Este paso es lo que permite que los futuros padres puedan tener, en la mayoría de los casos, un vínculo genético directo con sus hijos.
A continuación, te explicamos paso a paso cómo se desarrolla este proceso científico y humano.
El primer paso es definir de dónde provendrán las «semillas» de la vida: los óvulos y los espermatozoides. Dependiendo de la situación de los padres de intención, existen varias opciones:
Aporte de los padres: Se utilizan los óvulos de la madre de intención y el semen del padre de intención.
Donación de gametos: Si alguno de los padres no puede aportar su material genético, se recurre a un donante (de óvulos, de esperma o ambos).
Parejas igualitarias y personas solas: En estos casos, siempre se requiere la combinación de material genético propio y una donación para completar el proceso.
Una vez obtenidos los óvulos y el esperma, el equipo de embriología realiza la fecundación en el laboratorio. La técnica más avanzada y utilizada es la ICSI (Inyección Intracitoplasmática de Espermatozoides), donde se selecciona el espermatozoide más saludable y se introduce directamente dentro del óvulo para asegurar la fertilización.
Tras la fecundación, los embriones comienzan a dividirse y crecer en incubadoras especiales que imitan las condiciones del cuerpo humano. Este seguimiento suele durar entre 5 y 6 días, hasta que el embrión alcanza el estadio de blastocisto. Llegar a esta etapa es crucial, ya que los blastocistos tienen una mayor probabilidad de implantarse con éxito en el útero.
En muchos procesos de gestación subrogada, se recomienda realizar un estudio genético a los embriones antes de transferirlos. Este análisis permite:
Detectar anomalías cromosómicas.
Aumentar las tasas de embarazo por transferencia.
Reducir el riesgo de abortos espontáneos.
Una vez que tenemos el embrión más sano y fuerte, se procede a la transferencia. Es un procedimiento sencillo y rápido donde el médico coloca el embrión en el útero de la gestante, previamente preparado con medicación para que el ambiente sea óptimo para la anidación.
La formación de embriones en la gestación subrogada es una combinación perfecta entre ciencia de vanguardia y el profundo deseo de ser padres. Entender que el origen biológico del bebé está protegido y controlado en un laboratorio brinda mucha tranquilidad a las familias, asegurando que el proceso comience con las mejores probabilidades de éxito posibles.
Cada embrión representa el inicio de un proyecto de vida, y contar con un equipo médico de excelencia es la clave para que ese sueño se convierta en una nueva familia.